Le champ du ver luisant

Sí, luego de terminar abruptamente nuestro segundo workaway en Francia gracias a un anuncio de Macron en el que se decretaba una nueva cuarentena, tuvimos que pedirle a nuestra nueva anfitriona que nos dejase llegar unos días antes de lo pactado inicialmente, ella amablemente nos permitió hacerlo.

El jueves temprano nuestros anfitriones en Waldwisse nos llevaron de nuevo a Thionville, allí esperamos casi 3 horas para tomar un tren que nos llevaría a Metz, en Metz esperamos otras 5 horas, aprovechamos para ir a almorzar algo y para comprar provisiones para nuestra estadía en la nueva granja que nos acogería, de allí tomamos otro tren hasta Sarreburgo, en la estación de tren nos esperaba un joven francés que hablaba algo de español e inglés, nos recogió y nos llevó hasta la granja que quedaba solo a unos 10 minutos del pueblo.

Le champ du ver luisant
Le champ du ver luisant

Una granja en Haut Clocher

Esta nueva experiencia sería distinta, era una granja completa con 5 invernaderos, terrenos plantados y un mercado que se abre los jueves y sábados para vender todo lo que se cosecha, esta vez no estábamos solos, habían 5 voluntarios más y todos viviríamos en el mismo apartamento, para nuestra fortuna Catalina y yo teníamos una habitación privada, la cocina y el baño se compartían con todos. Los almuerzos los preparaba la dueña de la granja y las cenas y desayunos se hacían entre todos los voluntarios.

En la misma noche del jueves, Carol, la anfitriona, me pidió trabajar con ella el siguiente día, tenía que madrugar a las 5 de la mañana para poder acompañarla hasta una fábrica de jugos donde usarían unas manzanas que anteriormente habían recogido, el trabajo era básicamente ayudar a mover bultos de manzana y luego recoger canastas llenas de botellas de jugo fresco, trabajamos hasta la 1 pero después tuve la tarde libre. Porque sí, el acuerdo es trabajar de 9 de la mañana hasta medio día, y luego de 3 de la tarde a 5, para completar al menos 5 horas diarias, un poco más que los demás workaways pero estaba bien para nosotros.

Cuando llegamos estábamos nosotros dos, el chico francés (Adrien), dos chicas alemanas, y una chica española, el siguiente día llegó una chica de marruecos (Fanou), ese fin de semana se fueron las dos alemanas y la española, pero llegaron otras 3 francesas (Cyrielle, Lucie y Juline ), así que el resto de tiempo lo pasamos con franco parlantes, igual todos hablaban inglés en algún nivel y Adrien algo de español. El acuerdo con nuestra anfitriona es que nos hablaría siempre en francés y si no entendíamos algo nos repetiría en inglés. También había una hermosa perra llamada Radja (o algo así), 2 gatas cuyo nombre nunca supe y dos pequeños gaticos crías de una de las gatas.

¿Qué se hace en un Workaway?

La primera semana a mi me tocó ayudar a preparar la tierra para la siembra, básicamente echar tierra con abono sobre las tierras viejas, mientras tanto Cata ayudaba a plantar brocolis y otras plantas, más o menos el ritmo del trabajo eran lunes y martes preparando la tierra y sembrando plantas, miercoles y jueves cosechando para el mercado del jueves y el viernes trabajos varios, y digo más o menos porque cada semana tenía trabajos diferentes tanto para mí como para Cata.

Invernaderos

Por ejemplo uno de mis proyectos fue crear una especie de corral para poder plantar uvas, un día tuve que ir con Carol a recoger madera de un aserradero y a partir de ahí hacer el corral desde cero, primero poniendo unas varillas en el suelo, estas servirían de base para poner tablas de madera que tuve que taladrar para ir armando el corral, después de estar listo pasé casi 3 días llenando el corral con abono y tierra para que quedara listo para sembrar. Mientras tanto Cata tuvo que ayudar a recoger y doblar largas tiras de una especie de tela blanca con la que se cubren los cultivos en invierno, allí tardó casi 3 días también.

Otro de los días, entre todo el equipo tuvimos que recoger otros plásticos gigantes que usan para cubrir la tierra que está sembrada, luego también tuvimos que doblar todo y dejarlo ordenado. Otro de los días tuvimos que cosechar un campo completo de apios, unos 300 metros cuadrados de solo apio que según entiendo se habían arruinado por la helada de la noche anterior.

No lo cuento en orden porque no tenía un diario y ya no sé exactamente qué se hacía cada día, el todo es mostrar las actividades a grandes rasgos para que se hagan una idea del trabajo en la granja. Las 3 primeras semanas siguieron un patrón similar, pero con el tiempo la temperatura bajó y por lo tanto las actividades se redujeron por eso empezamos a trabajar en otros proyectos, incluso adentro de la casa, yo no participé, Cata un poco, en la terminación del baño, se pintaron las paredes y se hizo un mosaico con pedacitos de vidrio, muy simpático, también se acabó de pintar el piso de la sala y finalmente limpiamos una vieja camioneta que sería adecuada para que los niños puedan jugar mientras los padres hacen las compras.

Nueva zona de siembra de uvas

Pero también había más cosas aparte del trabajo, los fines de semana eran completamente libres, pero desafortunadamente estábamos en cuarentena, sin embargo el primer sábado Carol nos permitió sacar a pasear a los burritos, porque sí, acá tienen 3 burros que ayudan a arar la tierra (todos trabajan). El todo es que Cata, yo y 3 chichas más nos fuimos con dos de los burros, fue una experiencia nueva ya que pueden ser algo tercos porque quieren estar comiendo siempre, fue un paseo agradable pero en algún punto nos perdimos, Cata y yo íbamos detrás de las chicas y ellas caminaban como si conocieran el camino, nosotros nos confiamos hasta cuando llegamos a un bosque y les preguntamos si estaban seguras del camino, no, no lo estaban. Así que tuvimos que recurrir a Google, afortunadamente yo tenía datos, en total caminamos casi 3 horas con los pobres burros.

Sarrebourg

Los demás sábados usamos las bicicletas de la casa para ir hasta el pueblo de Sarreburgo, eso sí con una declaración que íbamos solo a hacer mercado, así que no conocimos mucho. El camino según maps era de solo 26 minutos, pero en la práctica tardamos casi una hora pues hay partes del camino muy empinadas y teníamos que bajarnos de la bici para caminar con ella al lado, eso sin contar el terrible frío que sentimos. En los últimos dos viajes, eran necesario siempre tener guantes puestos pues cuando el viento nos pegaba se sentía como si las manos se fueran a congelar, en el caso de Cata fue peor porque los zapatos que ella usaba eran de tela así que sus pies siempre estaban fríos.

Fueron días geniales, de vuelta usábamos un atajo que llevaba a unas ruinas romanas llamadas Saint Ulrich, aunque no hay mucho qué ver, están cerradas, yo intenté colarme por las rejas pero igual solo son unas paredes derruidas. Pueden ver algo de nuestro paseo en bici aquí:

Camino de San Ulrich

Más que solo trabajo

En las noches los demás chicos cocinaron casi siempre, nos llamaban a cenar y cenábamos juntos y luego hablábamos un poco, ellos mantenían sus conversaciones en francés pero para nosotros estaba bien pues queríamos al menos acostumbrarnos al acento, igual de a poco fuimos entendiendo más. Los viernes siempre nos tomábamos unas cervezas u otro trago y hacíamos algo. Uno de los mejores días fue cuando hicimos una Racclete Party, con una especie de plancha eléctrica se calientan diferentes tipos de queso que se ponen encima de papas cocinadas al vapor, al queso se le pone cebolla, tomate, jamón o lo que uno quiera, según ellos todos los franceses aman este tipo de comida y la verdad entendimos porqué.

Racclete

Otros dos viernes también los aprovechamos para bailar en la sala, todos juntos al ritmo de diferente música, desde rock latino hasta canciones francesas que ni ellos mismos conocían. También jugamos al futbolito, cartas y algo parecido a Pictonary.

De hecho nuestro último viernes, tanto Carole, como su esposo y los demás voluntarios nos reunimos para cenar falafels caseros y tomar unas cervezas, un coctel de schnaps (un aguardiente típico de la región) y unos vinos. Después de cenar también nos pusimos a bailar, esta vez hasta las 4 de la mañana, esa fue nuestra despedida del mejor workaway en el que hemos estado.

Nota:

Si algún día tienen la fortuna de estar en la región de Alsacia, cerca a Sarrebourg, pasen por la granja Le champ du ver luisant, compren un jugo orgánico y denle saludos de mi parte a Carole. Esta granja también puede ser una muy buena experiencia si quieren hacer un Workaway

Anécdota:

El 1 de diciembre, desde las 9 de la mañana empezó a nevar, aún así Carol nos pidió que hiciéramos un trabajo afuera pues era una simple lluvia, a Adrien y a mí nos tocó recoger tierra, mientras lo hacíamos la nevada se intensificó hasta el punto que el suelo quedó completamente blanco, la nevada duró casi dos horas y alcanzó hasta jugar a lanzarnos bolas de nieve, para mí fue una experiencia genial, aunque también es fastidioso tener nieve que luego se derrite, además el frío era impresionante.

por Camilo J

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3 comentario en “El Workaway definitivo, viviendo en una granja orgánica”
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