Plaza Luis CamoesPlaza Luis Camoes

Aún quedaba mucho por descubrir de esta ciudad, tanto que terminamos pasando un mes entero allí, luego de visitar a nuestra hada madrina, Ana María, nos pasamos a vivir a su bonito apartamento en el barrio de Belém, uno de lo más emblemáticos de la ciudad. Había tanto qué hacer en Lisboa que no sabíamos por donde empezar.

Belem

Y es que no solo es famoso por los pasteles, la torre y el monumento a los descubrimientos que vimos en el post pasado, hay otros sitios de interés que estuvimos visitando en los días que pasamos en la ciudad. El primero y uno de los más importantes en Lisboa es el Monasterio de los Jerónimos que forma un complejo junto a los museos marítimo y de arqueología y la iglesia de Santa María. El edificio es, según los expertos, la mejor muestra del estilo arquitectónico manuelino, impulsado por el Rey Manuel I, se empezó a construir en el siglo XV y también es considerado patrimonio de la humanidad.

Monasterio de los Jerónimos

Justo en frente del monasterio está el Palacio Nacional de Belém, actualmente es la casa oficial del presidente de Portugal y durante los siglos XVII y XIX fue una residencia real, es un edificio muy simpático ya que está pintado de rosa pastel, algo que no había visto en otros palacios, pero que no me sorprende pues muchos edifios en Lisboa tienen tienen colores pasteles. Frente a este palacio degustamos los deliciosos pasteles mientras veiamos a la guardia presidencial hacer sus famosas maniobras de cambio de guardia, como en casi todos los palacios presidenciales.

Y si los edificios históricos no son suficientes, al otro lado del monasterio también hay un edificio bellísimo y contempóraneo, el Centro de Cultura de Belém fue construido en los 90’s como sede de la presidencia de Portugal en la Uniòn Europea, actualmente hay salas de exposiciones, de conferencias y de arte, además cafés y tiendas y una terraza desde la que se ve el monasterio, el monumento de los descubrimientos y el rio Tajo, un sitio genial para tomarse un café y admirar el paisaje. También encontrarán el Planetario de Lisboa justo al frente del centro y al lado del monasterio.

Por si aún quieren más, en la zona hay varios jardines, incluyendo el Jardín Alfonso de Albuquerque (almirante y conquistador portugués), al frente del palacio nacional, el jardín Vasco da Gama (otro navegante más conocido) y el jardín de la Plaza del Imperio, todos quedan muy cerca y tienen sus respectivas estatuas, muy cerca hay muchos cafés y restaurantes así que puede ser un buen plan caminar y tomarse algo por ahí.

Parque Monsanto

En uno de nuestros días de ocio decidimos explorar un sitio que no está en las guías turísticas, al salir de la casa no caminamos hacía el río sino hacía el otro lado (hacía arriba diríamos) y encontramos un parque, decidimos caminar alrededor del parque y nos dimos cuenta que era inmenso, al consultar en Internet nos dimos cuenta que es la zona verde más grande de la ciudad, es el parque forestal Monsanto.

Vimos que había un mirador y quisimos ir a buscarlo, la búsqueda resultó en una caminata de más de una hora por una avenida con bosques a lado y lado. Al llegar al mirador nos dimos cuenta que estaba cerrado, pero valió la pena la caminada. Igual encontramos otro mirador que se llama Keil de Amaral, la vista no es tan buena pero es un sitio lindo para pasar un rato, hay una especie de anfiteatro que supongo que usan para eventos al aire libre en plena montaña.

Anfiteatro en el mirador
Vista desde el Mirador

Al «bajar» del parque llegamos al barrio de Ajuda, allí encontramos otro palacio, el de Ajuda, es un hermoso edificio construido en el siglo XVIII después un incendio que acabó con unas barracas que estaban allí, sirvió como residencia real en el siglo XIX y luego pasó a ser un museo. Lo que sí se salvó del incendio fue una vieja torre parroquial que está coronada por un gallo de bronce, está ubicada al frente del palacio y su aspecto viejo contrasta con la elegancia del palacio.

Centro histórico de Lisboa

Pero sigamos porque Lisboa es más que Belém, de hecho el centro histórico está al otro lado, a casi una hora caminando, y la mejor forma de llegar es por la orilla del río. El centro tiene varios barrios interesantes, uno de ellos es el barrio Alto, y es que da la impresión que la ciudad tiene dos pisos el de arriba está incrustado en la montaña y el de abajo en la ribera del Tajo, desde el barrio alto hay lindas panorámicas hacía la parte escondida de Lisboa, donde están los barrios residenciales, ahí las calles son pequeñas y empinadas, también hay edificios como la Iglesia de San Roque que por fuera es muy sencilla pero es un edificio construido en el siglo XVI, además es un museo así que se pone más interesante.

Cuando bajen del barrio llegarán a otro sitio importante, Chiado, allí está la Plaza Luis Camoes, poeta portugués, en este punto estaban las letras «LISBOA» iluminadas por la navidad, así que todos queríamos la foto. Y allí también encontrarán la fábrica de pasteles Manteigaria, los pasteles de nata son a 1,10 euros y para mí fueron los mejores que probé (casi todos los blogs coinciden que este lugar es de los mejores).

A solo tres cuadras de la plaza está la libreria activa más antigual del mundo, certificada por los Guinness Récords, la Bertrand, fue fundada en 1732 y sobrevivió al incendio que arrasó la ciudad en 1975, aunque por dentro no es algo maravilloso sí está bien entrar a recorrerla y por qué no, comprar un libro, en español solo encontré obras de Saramago. Al final de la librería hay un café donde pueden pasar un rato agradable.

Otro de los símbolos de la ciudad es el elevador de Santa Justa, una extraña atracción que une al barrio de Chiado con el barrio Baixa, se construyó en 1901 pero su funcionalidad se perdió, ahora solo es una atracción turística para mí muy curiosa. Ya estando en la calle de Santa Justa pueden buscar la calle Augusta y seguir el recorrido por allí.

LA Augusta es la calle más comercial del centro, está llena de tiendas de todo tipo, restaurantes, cafés y artistas callejeros, si toman esta calle con dirección al río encontrarán una de las plazas más famosas la del Comercio, pero antes tendrán que pasar por debajo del Arco de la rua Augusta que se empezó a construir después del terremoto de 1775, su versión final data de 1875, el arco tiene una altura de unos 30 metros y está adornado con bellas estatuas que representan los valores y algunos personajes de Portugal, también hay un reloj, es sencillamente hermoso, además da la entrada a la Plaza.

La Plaza de Comercio está separada del río apenas por una avenida, así que si uno se para dándole la espalda al arco, el río se ve de fondo, pero antes se ve una estatua del Rey José I. Al rededor de la plaza hay cafés y restaurantes, y el acceso es muy fácil ya que varias rutas de bus pasan por allí. Si cruzan la avenida hacia el río encontrarán una pequeña plaza llamada Muelle de las Columnas, desde allí se ve el río con sus barcos, mucha gente se toma fotos allí. Y como dato curioso allí me ofrecieron hachís… que no compré.

Justo al lado de la plaza hay unos edificios azul pastel que son tribunales y dan un aspecto muy simpático al sitio. Y justo detrás de los tribunales está el museo de Arte Contemporáneo y la Academia de Bellas Artes, así que es un barrio muy interesante para explorar.

Dejaré este post por acá porque aún queda contenido al menos para otro, y para que no quede como que el título no tiene sentido les diré que tanto el barrio de Chiado como el barrio alto están cubiertos con el sistema de tranvías, muchos tienen aspecto viejo, hay otra línea que va hasta la zona de Belem por toda la Avenida Brasilia, este sí es un tranvía nuevo. En cuanto a los azulejos en cada sector de la ciudad hay casas cuyos frentes están totalmente adornados con azulejos, algunos edificios también tienen este estilo particular, ya les mostraré algunos ejemplos específicos, por ahora les dejo algunas fotos de sitios que encontramos por ahí.

por Camilo J

Ingeniero de sistemas con más ganas de viajar que trabajar ¿Ya leiste mi libro? https://www.amazon.com/dp/B0B4YR7KLM

Un comentario en «Lisboa, entre azulejos, pasteles y tranvías»

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